Mi interés en la madera como material para trabajar empezó cuando tenía diecisiete años. Desde entonces he trabajado en talleres en California, Irlanda, Nueva York, Carolina del Norte, Madrid y Guadalajara.

Empecé a diseñar y hacer mis propios muebles en 1990, en Madrid. Experimentaba con distintos materiales como la pizarra, metales grabados y tratados, y acabados de pigmentos y arena, combinándolos con la madera. Trabajé durante cinco años haciendo encargos y exponiendo mis muebles, hasta que tomé la decisión de dejarlo en 1995.

En 2001 regresé a la madera, pero esta vez con la intención de aprender a utilizar el torno para hacer recipientes de madera. Al principio fui a unos almacenes de madera para comprar tablones para tornear pero los más gruesos que podría encontrar eran de 8 cm. Y aunque me permitían hacer un recipiente profundo reconocí las limitaciones, y sobretodo, no quería participar en la compra de maderas no certificadas.



Empecé a correr la voz entre la gente de mi alrededor, necesitaba árboles, o troncos que pudiera cortar como a mi conveniencia. En el pueblo donde vivo algunas personas me ofrecieron árboles secos, así me acerco con la moto sierra para cortarlos en trozos y llevarlos al taller. Una vez en el taller los corto en tablones, y tras cortarlos en redondo con la sierra de cinta los torneo por primera vez. Los dejo muy gruesos para secarse entre 4 y 6 meses, depende del tamaño. Mientras van perdiendo el agua de dentro las formas se deforman bastante, así que una vez secas y estables los monto otra vez en el torno y saco la forma final. En ocasiones también torneo formas finales de piezas que aun están "verdes" (con un contenido de agua muy alto) consiguiendo unas formas más orgánicas, menos simétricas.

Los acabados son de aceite, pintura, pigmentos, pan de oro, pan de plata, etc... y pueden tardar entre 2 y 4 semanas, depende del acabado elegido y la temperatura ambiental.

Como no hay muchos árboles donde yo vivo he empezado a buscarlos más lejos, hasta Cáceres. Planteo irme de búsqueda a las serranías para que me los corten en tablones gruesos. Tal vez parece ridículo tanto esfuerzo para trabajar con madera, pero mis valores no me permiten comprar madera si no viene de un árbol que se ha secado, se ha caído solo o que tiene la certificación forestal FSC que acredita que ha sido extraído de bosques bien gestionados desde criterios sociales, ambientales y económicos.